martes, 30 de agosto de 2016





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Crucé la calle corriendo para llegar pronto. Cuando vi mi reloj de puño me di cuenta que no tenía caratula ni agujas.
Un sepelio pasaba frente a mí. Viví un sobresalto tremendo cuando me percaté que las personas que lo seguían no tenían ojos ni boca.
En el cruce de esquina por la avenida el carruaje fúnebre de caballos negros lanzó al suelo  el ataúd al pasar frente a mí.

Del ataúd saltó la mujer que enterraríamos. Vi que también no tenía boca ni ojos.

  De pie en la esquina del Estamento Municipal emitía palabras y sonidos guturales los cuales yo comprendía de manera perfecta: “te crees una gran cosa y no eres más que un fantoche de lo más ridículo, el más inaguantable, el más fanfarrón, el más ridículo, el más estúpido, el más… y me faltan palabras para decirte poco…”

De pronto al verme reflejado en la vidriera vi como mi boca se desfiguraba y mis ojos también perdían la visión.




Antes de salir, la chica dio la que fuera su última mirada.
“No sé por qué no te moriste cuando pequeña”, dijo la madre, lanzándole un vaso de cristal que estrello en la puerta,  “Si tus ojos son solo  fuegos candentes que lastiman cuando los abres. ¡Maldita!”.
 Ahora, cuando la habitación quedó en silencio,  llorar era lo más prudente, y aparte de lo vivido entre ambas comprendía que nunca habría una reconciliación. Dispuso recoger los cristales rotos, siguió llorando, mientras trataba de poner en orden las ideas rotas también.


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Los vozarrones untaban las paredes hasta la madrugada y pensaban que era temprano.
Qué importa el tiempo.
Si ellas no alcanzan el zenit con alaridos de diabla y los hornos no abren sus cazuelas y las dejan estampadas.
Por qué vivir en este encierro si es una voz de luto, de dolor. Acorralado quedó el oído ante las notas groseras  y la sonriente algarabía popular.

De improviso, los disparo nerviosos, necesarios,
apuntando hacia allá, hacia acá, disparos al fin.
Boquiabierto el grosor del lamento del tiro,
del sueño en las paredes de la habitación.

Del ocaso vienes saliendo. Ahora camina sin estamentos, sin delicadeza. Solo camina, no mires atrás y descubre la inocencia de tu regreso, ahora, siempre.
Plegaria de piernas abiertas, insomne creación del humano que eres, plegaria de bocas abiertas.


Breves y fugaces
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"RESURRECCIÓN"

He vuelto con nuevos bríos, aprendí a volar, a resucitar entre los muertos,  a transportarme a miles de kilómetros  en un segundo, y otros truquitos más que los iré mostrando. Espero que esta vez, si los crean porque lo he ensayado muy bien. Olvidaba decir, el de mover rocas desde adentro de las viejas catacumbas, es uno de los mejores ardides que traigo.


viernes, 19 de agosto de 2016


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Locura
Pensó en encontrar una manera de cómo conseguir volverse loco. Volteó a ver varias veces a sus compañeros de trabajo y los veía concentrados en la labor. El aire acondicionado que helaba la sangre y la cabeza metida en montañas de papeles. No distraía ni siquiera el busto alto de la secre del jefe. Silencio grueso y viscoso de la mañana de oficina. El baño era el mejor sitio para refugiar el deseo, el infranqueable deseo de perder la razón y desaparecer. El retrete abierto frente al grifo, el espejo no miente y habla también sobre la locura. ¿Cuál será el método más idóneo para alcanzar la tan ansiada tierra psicótica? El retrete el grifo abierto el espejo las paredes blancas. Ya está, suficiente como para conseguir el objetivo. Todos ellos con la cabeza metida entre cerros de papeles, el busto alto de la secre del jefe. La locura entre los locos, en silencio, el aire acondicionado congeló la sangre.

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under the sea

Voy a seguir el camino que me indicas... El frenesí de los peces me lo dice todo. Las aguas cristalinas permiten ver al fondo la entrada hacia la gruta de piedritas verdes. Vitrales que brillan y traslucen los tonos verdaderos del agua. A ti te gusta soltarte el pelo para que vuele libre pero acá en el agua flota como si volara, desganado, sin rumbo, displicente movimiento el de tu pelo bajo el agua de cristales verdes. Y tu piel es transparente y brilla, el tornasol brilla. Brillante y traslucido.
Ahora te distingo. Alcanzo a ver  que te escondes detrás de las rocas. Tienes tus ojos puestos en mí. Y te alejas y te escondes. Surcas el agua y los peces te rodean, cuidan tus manos y les das órdenes. Los mandas hasta mí y sonríes con ellos. Lindos pececitos verdes que son fieles a tus mandatos.
Y yo,   solo trato de darte alcance pero es imposible. Imposible alcanzarte. Imposible ir tras de ti, imposible estar a tu lado.

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Despertó a media noche con una fuerte pesadilla. Estaba convirtiéndose en humano, como sus amos.

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Se había comprado los aparatos de última generación, para hablar con familiares y amigos. De pronto pensó  en cómo  haría para hablar con ella misma.

Breves y fugaces

Sorprendido, una mañana temprano, se miró las manos y los brazos y cayó en cuenta que era ser humano.