viernes, 6 de mayo de 2016




De “La casa de los claveles blancos”

"Caminar para encontrar el viento,
 caminar para saber de ustedes,
 saber si están muertos,
 saber si llegarán...”


Epitafio
Cuando se marchó, lo hizo sin lágrimas en sus ojos. Las había terminado todas estando a mi lado.
  Réquiem In Cantimpace Isabel Bruñí 1960 – 1988


La carta
Querida Isabel:
Sabes que pertenecí al mundo de los idiotas, y que para poder caminar por los senderos hirientes de la vida tuvimos que hacerlo con los pies descalzos.
Con el pasar del tiempo logré comprender que la soledad lo es todo cuando no tienes nada, que la equidad es distributiva y la igualdad comparativa, y eso es algo por lo que luché años tras años a la par de muchos compañeros que como yo, por largo tiempo vivieron engañados, creyendo ser la tabla salvadora de incontables humanos que al parecer eran afectados por las anomalías del sistema.
Entendía que luchaba para que todos los ciudadanos se convirtieran en pobres, no admitía ricos. Desdichado pensamiento el mío. Vaya revolución quería hacer.
Hubo un tiempo en que me creí tan importante como la bala que mató a Kennedy, y aunque no muchos lo notaron, dejé de ser efectivo para las luchas que los compañeros libraban basados en el principio aquel que decía: "el verdadero miedo que combatimos es: evitar el miedo a tener miedo". Valientes éramos.
También vienen a mi recuerdo algunos compañeros, como Adrián, nuestro comandante. Él era sabio, pero, no por lo que sabía, sino por saber todo lo que le faltaba por formarse. Cayó en combate como tú. Recuerdo a Jonás, el día que fue capturado; juntos habíamos elevado una plegaria a la energía absoluta, para que nos asistiera relativamente... resultó imposible volverle a ver. Y Roque, decía: "El elefante es el único animal que no puede saltar, es esa la razón por la cual no requiere zapatos tenis". Vaya chasco, en que momento lo contaba, estábamos a un paso de morir al fragor del combate.
Ahora, si bien es cierto que "los elefantes no usan zapatos de tenis por no poder dar saltos", ese no es mi caso, no los uso porque me faltan piernas, claro, además de dejar mis piernas en la guerra quedaron mis ilusiones y esperanzas, quedó toda mi adhesión por lo que yo llamaba "mi pueblo".
¡Y te perdí a ti! ¿Qué más me puede demandar la revolución, si con ella he perdido el amor de mi vida?, toda una ilusión truncada. Tú eras todo con lo que soñaba.
Luego de tu caída en combate, busco con insistencia la paz, pero reconozco mi error:
"Es descabellado el engaño, absurdo ser pacifista siendo un soldado, inadmisible ser pacifista siendo guerrillero".
Estoy harto de hipocresías y falsedades, es el tiempo de partir y buscar en ti, nuevamente la luz que siempre me proveíste, ayer, hoy y siempre.
Hasta la victoria siempre, mi amor.



Breves y Fugaces
☼—Esta anomia —definición de un estado de desorganización social, o lo que es la mismo, incongruencia de las normas sociales—, no la corrige la novela, la filosofía, ni la poesía misma…ni la educación universitaria, ni cualquier miembro del estado o gobierno, llámese, policía,  Rudolph Giuliani, Robocop, partido político en el poder o no… Ni la Selecta Cuscatleca con las sectas religiosas a la portería.
☼—Si dios creó a los humanos a su imagen y semejanza, está claro que no es de confiar.
☼—En el país de los diminutos, los ciudadanos guiados por su rey se fueron a la guerra. Consideraban que por ser dueños de la verdad eran libres, libres para esclavizar a otros. También consideraban que la comodidad era sinónimo de felicidad. Pregonaban a los cuatro vientos que la ritualidad era sinónimo de espiritualidad.

☼—El país de los diminutos aún existe y vive.