sábado, 16 de abril de 2016




Un ligero retraso...
Tomó el Tiempo sus alas y apresuró la marcha para no llegar tarde a la oficina.
Se quitó el sombrero para saludar al pasar frente al Sol, frente a la Luna, pasó por indetenibles ríos, por estáticas montañas, por extensas filas de ágiles hormigas, saludó a una pareja de ancianos que platicaban en el parque y después sonrió ante dos críos que terminaban de nacer.
También platicó un instante con un policía de tráfico, luego con un árbol caído y con otro sin hojas. Saludó al viento del Norte, guardó silencio ante un repartidor de pan en bicicleta, tendió la mano a las corrientes marinas, a los peces y sus nuevas generaciones. Después corrió y se sentó a platicar con las células de una patata fermentada, le habló a un parvo de tierra negra y a un campesino que la trabajaba, vio los bueyes y el arado. Después charló un instante con el espermatozoide del poeta asesinado y también le habló a los ovarios de una monja.
Sus alas revoloteaban con avidez, a su paso removía el polvo, removía la hojarasca, las mentiras, las verdades, las pasiones, los arrepentimientos banales. Removía las pláticas triviales de la población.
La culpa y el pecado venían a su encuentro para saludarlo, pero él se ocultaba, un sacerdote lo vio pasar sin decir nada, sin un adiós.
Hasta que llegó a su oficina. Era larga la fila de humanos, desesperados por entrar… Vociferaban inmundicias, vociferaban groserías, lo buscaban a él, esperaban por él y enternecido agachaba la cabeza en silencio, pues repartir alas nunca fue de su agrado, menos hoy que conmemoraba dos mil quince años de retraso.


Pensando
Tu silencio es música inacabable para mí, es como el sonido de una guitarra afinada o un Solo de piano. Me avasalla y me cautiva. Aunque a veces reconozco que es como un grito ensordecedor, y llega hasta causar fastidio. Pero aún así lo escucho. A veces a todo volumen, a veces como música de terror, de miedo, música que causa risas, música de  un  circo del pueblo. Con tu silencio eres todo un espectáculo dominguero. A veces tu silencio toca a la puerta de mi habitación y me niego a escucharlo, y acepto estar solo, sin compañía, aunque rodeado de mil, sí, de mil…



El viaje
Esta tarde abordamos las embarcaciones y nos llenamos la boca  de nubes de mar. Nuestro destino hasta ese momento era desconocido, pero cuando observaba a mi alrededor y contemplaba las caras inocentes de mis compañeros, sabía que muchos de nosotros no regresaríamos con vida,  era de saber entonces,  cual era nuestro destino verdadero.

BREVES Y FUGACES    


Dejo de ser prisionero de las rutinas y descubro mi pensamiento creador, y con él,  encuentro el esplendor, el pasto verde cundido de flores jubilosas y frescas.