viernes, 1 de abril de 2016




 El regreso



☼En la aldea africana los niños salen de sus chozas temprano en la mañana, van rumbo a la fundación. Temen llegar tarde a la clase.
Corren, saltan, gritan y juguetean por el camino. Nadie les exige concurrir, lo hacen voluntariamente.
Cruzan el riachuelo con los pantalones recogidos hasta las rodillas y los zapatos en la mano, atraviesan la llanura en medio de las fieras salvajes; salvan los obstáculos propios del lugar.
Después de tres horas de larga travesía, llegan a tiempo. La maestra, inglesa, los espera. La clase de violín es ineludible. Las Cuatro Estaciones de Vivaldi invaden el corazón del África colonizada.
Por la tarde es hora de retornar. Corren, saltan, gritan y juguetean por el camino. Nadie les exige regresar a casa, lo hacen voluntariamente. Cruzan el riachuelo con los pantalones recogidos hasta las rodillas y los zapatos en la mano, atraviesan la llanura en medio de las fieras salvajes; salvan los obstáculos propios del lugar.
Después de tres horas de larga travesía, llegan a tiempo a casa. Sus padres los esperan con ansias para pasar la noche juntos y platicar de sus hazañas.
Entradas las oscuridades, al dormir, se escuchan los lamentos de los espíritus de sus ancestros que danzan acompañados por el yembe y el ritti, en el corazón del África salvaje.

☼Sabía de las misas para muertos que celebraban los vivos. Muertos de alta alcurnia por la llamada gente de bien. También sabía de las rosas bien puestas en su lugar y con cierto temor de que los invitados o el señor cura los tomara para sí. Tenía la lista de las personas asistentes y sus tarjetas repartidas con tiempo. Con tiempo para que las damas se hicieran un peinado rimbombante y  confeccionaran vestidos a la última moda en Paris. Era una misa de muertos para los vivos, los vivos que sabían que un día después de muertos, estarían repartiendo tarjetitas de invitación también. Todo eso lo sabía a los dieciséis.


☼Cuando el octavo “B” salió a recreo, el maestro encargado de la disciplina los esperaba para supervisar su comportamiento en  la cancha de fut. Después de pasados unos minutos de esperar por ellos y ver  que no llegaban, caminó en su búsqueda. Para su sorpresa, los encontró en el lugar menos sospechado,  en la biblioteca.
Reunidos todos, entre ellos hablaban de que cada uno debía leer su libro interior y que había que buscarlo  en otro sitio. Cuando regresaron a la cancha traían consigo una sonrisa notable que contagió al maestro.

☼ Amanecía mirando al sol desde la playa. Observaba como las olas se estrellaban contra las rocas.
Luego nadaba mar adentro hasta encontrarse con sus amigos los delfines. Rebosaban en manadas, lo acogían y festejaban su amistad. Había cantos, danza, risas. juegos. Tomados de las manos giraban y retozaban. Al caer la tarde, cuando regresaba al mundo de los desprecios, sus padres le hablaban de los abnegados maestros intelectuales, esos que le insistían en estudiar las matemáticas, de aprender las ciencias, de leer  los tontos y aburridos poemas de autores antiguos y absurdos. Esos intelectuales que deseaban enseñarle a vivir y dar pasos  por mundo. Una madrugada el mar le dio sus manos como siempre, para encontrarse con sus amigos, para siempre.



 Breves y fugaces
☼las lagrimas de un niño pueden representar sublimación de su ser  o la condena eterna  de su pensamiento.
☼Nuestra vida es el fruto de la causalidad.
☼Despertar es ver un instante nuevo.
☼Es la muerte lo que le da gracia a la vida.
☼Sería tedioso vivir mil años.
☼Nunca pensó en subir al árbol y bajar el fruto. Los frutos caían a sus pies cuando llegaba la época.