viernes, 4 de marzo de 2016





La muerte de un río

… cuando el sol aún duerme, con la almohada tirada encima de su rostro, nos corresponde a nosotros iluminar sus ojos y  sin importar el sitio donde nos encontremos, dar de gritos a sus oídos con nuestras palmas a viva voz, para que despierte, decirle que llegó la hora de andar la senda trazada. Decirle que no interesa que el oriente quede vacío por unos instantes, y que intente  habitar el occidente con fuerza pasmosa.

Padre era un hombre mayor, murió casi acercándose a los ochenta. Hizo su mejor esfuerzo para hacer de nosotros un buen futuro. Su aspecto endeble, estaba muy lejos de la fuerza de pensamiento que anidaba. Se caracterizaba por ser un poco deslenguado, pero por eso lo queríamos. Lo recuerdo mientras hablaba improperios del whiskey, del tabaco y de la religión. Decía que tomar Whisky era el equivalente a tragar tierra negra. Explicaba que los amigos no existían porque siempre buscaban algo que obtener a cambio de esa amistad. Un día, en una plática con algunas personas que lo visitaban en casa, les recordaba el día cuando sus adversarios políticos intentaron enterrarlo vivo.
Era versado en ajedrez. Ponía la  mirada fija sobre los ojos de sus adversarios y el tablero y conseguía que sus contendientes fueran invadidos por una corriente de nervios que los hacía manifestar, de manera velada, el rumbo que darían a sus piezas. Pienso que esa era la manera que siempre descubrió mis propias verdades. Contaba con una maquina de tomar radiografías en sus ojos.
Un día que jugaba un certamen con el campeón nacional dobló el rey para siempre. El mundo del ajedrez aceptó haber perdido al mejor tablero de la historia del país. Todos hablaron entonces del efecto rayo-X de su mirada.

☼ El Lempa, el padre de los ríos del país está muriendo, y parece no haber medicina  que lo saque del estado comatoso que lo invade. Su corazón se detiene de manera acompasada y sin saber qué hacer, día con día presenciamos la manera cruel como su sangre es contaminada con los desechos tóxicos  de la minería voraz  y el hurto a mansalva de sus aguas con la que alimentan dos presas hidroeléctricas. Bien le viene a nuestro gigante herido, le otorguemos un instante de nuestro pensamiento para que se retire en paz, así como mueren los grandes elefantes, que caminé y busque la senda solitaria y vacía y que le permita descansar en gloria.



Breves y fugaces
 
 
Existen palabras que no deben mencionarse porque no sirven de nada, solo habla la mirada y el silencio.
 
Basta alzar mi pensamiento para imaginar lo que soy, la placentería de lo que sueño. Mi mundo, el suyo, el de los demás.
 
Las investigaciones apuntan al beneficio que el ser humano se causa a sí mismo, cuando trata de hacerlo al semejante.
 
La sensación más intensa al escribir un cuento se vive mientras se encuentra el final.


Escribo lo que pienso y siento. Estoy identificado con algunos de mis personajes que narran entrañables pasajes de mi vida.
 
Escribir acerca de la muerte es igual que escribir acerca de la vida. Es imposible no temer a la muerte cuando se le teme a la vida, ambas son cómplices en este vagabundear por el infinito.