viernes, 18 de marzo de 2016



In aeternum 
… acostumbrado a las faenas de la pesca, a pasar horas sentado en una roca frente al mar, a Manuel le fue extraña la figura femenina que emergía caminando despacio de entre las olas. Su cabello largo era removido por la fuerza del agua y el color verde de su piel lo puso en alerta. Se asustó cuando la vio caminar hacia él y alcanzó a ver sus ojos color rojo.
Y él, que hasta entonces se encontraba sentado sobre la roca, se incorporó de inmediato y corrió a informar al pueblo. Era por demás. Había visto de  todos colores de ojo y de piel, pero… ¡rojo y verde!, si que era para afligirse.
Al ver que corría, ella se volvió a las olas caminando despacio. Lo veía alejarse. Quizás hubo decepción, y continuó adentrándose hasta que se perdió entre las olas.
¿Entiendes ahora por qué razón le dicen “El Loco” a Manuel?


Sentada  desde  la cabaña, lo vigilaba para medir sus pasos. Lo hizo  por varios días. Le gustaba ver como hundía el hacha sobre la leña con la que animarían el fuego de la estufa. Admiraba sus  brazos y hombros fuertes, y la espalda ancha y piel brillante donde el sol descansaba a placer.
 Pero ahora ya no está para mirarlo, aquello no tuvo  remedio.
Hoy, el hacha que estuvo en sus manos y que se alimentó con su propia sangre, hace olvidar el sentimiento aquel que compartían y que no le interesó conservar.

Decía que al abrir la ventana veía a una  persona  que emergía del asfalto caminando de manera impasible. Primero aparecía la cabeza luego los hombros hasta emerger el cuerpo por completo. Daba la impresión de no percatarse de lo que sucedía a su alrededor. El rostro que mostraba era de fraternal calma y armonía, tenía el aspecto de no ser de este mundo. A esa visión había que agregarle que cada vez que eso ocurría, se tomaba de los pelos y rabiosa pataleaba, al no poder ir tras su encuentro.


Tras cruzar el desolado pueblo  el Capitán y su adorada llegaron a un lugar rodeado de árboles donde podían ver su barco anclado, y agasajándolo con viandas frescas, caricias, susurros, gozaron hasta que se perdieron en sueños.
Pasadas las horas, él notó que ella conversaba con cierto letargo, hacía muecas y la sonrisa había desaparecido. En un giro de su cabeza vio que se hallaban a las puertas del cementerio, se lo indicó un portón metálico con las imágenes curtidas de un par de ángeles empotrados entre barrotes oxidados. Soltó su mano que la sintió fría. El miedo paralizó sus piernas. Lo impactó el aliento putrefacto cuando ella se acercó despacio a besar su mejilla y desgreñarlo con un gruñido… Con fuerza bestial lo tomó de nuevo entre sus brazos.
El barco anclado aún continúa su espera.

Al fin, ahora que estamos frente a frente, me miras de reojo, con recelo. Creíste que esto nunca ocurriría, ¿no es cierto? Después que el tiempo ha pasado, pensaste que te había olvidado y tú pensaste que me olvidarías.
Es solo una de tus inocentes ideas... Para que lo sepas, lo nuestro es eterno, para toda la existencia... Hemos sellado con sangre nuestro pacto de amor.
 Puedes tener la seguridad que nuestra relación será hasta el final de los tiempos.

Breves y fugaces
Como el rio, he venido a ti, mar.
Los humanos no vivimos, nos suicidamos instante a instante.

Y sí usted aún no es el guarda espalda de alguien, le recomiendo busque a alguien a quien cuidar de inmediato. Yo ya tengo un ser al que vigilo entrañablemente, mi pensamiento

Para erradicar la pobreza e instaurar la riqueza, bastará con que la población valoré lo que tiene y se dará cuenta que siempre será más de lo que lo acompañaba al nacer.