viernes, 26 de febrero de 2016



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No sueltes tus gritos de auxilio  porque nadie escuchará, quizás  porque te han dado por muerto.

Caminar en silencio a tu trabajo, como de costumbre, rompiendo la mañana y percibiendo el humo y el ruido que producen los autobuses, los coches. Las voces agudas que emiten las personas que corren con el pelo enmarañado para alcanzar un taxi. Ingrato mundo lleno de velocidad, ajetreo, angustia. Pasajeros en un autobús obligados al llanto pernicioso de los niños que no desean asistir a las escuelas. Nadie sabe    el valor de un instante para pensar en la grandeza de la naturaleza, nadie piensa en una flor, en una caricia. Imposible crear una sonrisa cuando las largas filas de usuarios pretenden entrar a las oficinas, a los bancos. Las calles no soportan el ruido y se abruman. Una anciana que nadie mira se aposta en la acera y pordiosea una moneda. Guarda silencio y mira a la gente dar la vida a cambio de la muerte, sin comprender cómo los transeúntes aprendieron a caminar con los ojos cerrados.


Tenía quince, quizás dieciséis, caminaba en silencio con muchas dudas en su cabeza. Con las manos en los bolsillos y mientras  soltaba pequeños toques de futbol a las piedras, pensaba lo de siempre, “la vida no trae nada nuevo”.  Ante la maraña de confusión que veía en el mundo, siempre asaltaban las mismas preguntas sin respuestas. Pero había algo que  lo hacía sentirse bien… era la presencia de la singular certeza que su búsqueda interior había comenzado.

¿Qué acaso no ven que no hay agua en el país? ¿Qué no se dan cuenta que no habrá agua para sobrevivir?
¿O qué  darán a beber a sus hijos? ¿Quizás una Coca cola helada? Según parece ninguno de ustedes ha pasado sed. Recuerden que por el agua el humano puede llegar hasta matar a sus semejantes.
¿Qué no sé imaginan el país que tendremos en cien años?
¿O no piensan en sus hijos, o en los hijos de sus hijos?
¿O es que en  realidad, no piensan?



Breves y fugaces
La verdad y la razón viven y existen en disputa eterna, la una diciendo que tiene la verdad y la otra diciendo que tiene la razón.

¡No!, no son los sistemas políticos, religiosos y hegemónicos, es la concupiscencia la que encadena y subyuga.


 El pensamiento humano es la puerta de entrada a la teoría del conocimiento, sujeto y objeto de la filosofía.