jueves, 18 de febrero de 2016



Ecosistema
Los peces ahora entran a la bañera, calmos, con esperanza. Sobre mis muslos. Uno a uno, cientos de ellos. Cierro los ojos y brota el desaliento, no encuentran rocas, hojitas de los árboles, ni algas, no hay una luna ni un sol. No encuentran nada que comer. Solo hay agua del grifo, verde por el jabón. Cuando han acabado conmigo, con los brazos, los ojos, el cerebro… piensan, luego viven… y luego mueren, morimos... todos.


Sobre un pasado
Camino al bosque de espejos, los anti escritores, oscuros y subterráneos, marchan.
Trepan a las copas de los árboles gigantes, y desde ahí, quitan telarañas a sus cerebros. Escriben al revés.



Mandibularia
El hombre gordo sentado a la mesa pide tres hamburguesas dobles, tres órdenes de papas fritas y tres litros de soda. Es tan gordo que le es difícil acomodarse en una silla y alcanza la que tiene al lado. La mujer de cabellos dorados, sentada a la mesa de enfrente, lo mira. Al hombre gordo parece no importarle nada ni nadie y sin volver la mirada hacia ningún lugar comienza a comer en perfecta armonía con los botes de salsa de tomate, de mostaza y sal. La mujer de cabellos dorados, lo mira sin perder de vista ni uno solo de sus movimientos. Las gafas del hombre gordo caen con fuerza sobre su nariz, ahora un mechón se le viene encima y no deja de comer. La chica de cabellos dorados compunge el rostro y comienza a vomitar frente a él, sobre la mesa. El hombre gordo sin siquiera mosquearse continúa comiendo mientras pide tres hamburguesas más con papas y soda incluidas. A la mujer de los cabellos dorados se le acabó el vomito y se marcha sin perder de vista ni uno solo de los movimientos del hombre gordo que no deja de poner salsa de tomate y mostaza a su nueva hamburguesa.