martes, 30 de agosto de 2016





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Crucé la calle corriendo para llegar pronto. Cuando vi mi reloj de puño me di cuenta que no tenía caratula ni agujas.
Un sepelio pasaba frente a mí. Viví un sobresalto tremendo cuando me percaté que las personas que lo seguían no tenían ojos ni boca.
En el cruce de esquina por la avenida el carruaje fúnebre de caballos negros lanzó al suelo  el ataúd al pasar frente a mí.

Del ataúd saltó la mujer que enterraríamos. Vi que también no tenía boca ni ojos.

  De pie en la esquina del Estamento Municipal emitía palabras y sonidos guturales los cuales yo comprendía de manera perfecta: “te crees una gran cosa y no eres más que un fantoche de lo más ridículo, el más inaguantable, el más fanfarrón, el más ridículo, el más estúpido, el más… y me faltan palabras para decirte poco…”

De pronto al verme reflejado en la vidriera vi como mi boca se desfiguraba y mis ojos también perdían la visión.




Antes de salir, la chica dio la que fuera su última mirada.
“No sé por qué no te moriste cuando pequeña”, dijo la madre, lanzándole un vaso de cristal que estrello en la puerta,  “Si tus ojos son solo  fuegos candentes que lastiman cuando los abres. ¡Maldita!”.
 Ahora, cuando la habitación quedó en silencio,  llorar era lo más prudente, y aparte de lo vivido entre ambas comprendía que nunca habría una reconciliación. Dispuso recoger los cristales rotos, siguió llorando, mientras trataba de poner en orden las ideas rotas también.


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Los vozarrones untaban las paredes hasta la madrugada y pensaban que era temprano.
Qué importa el tiempo.
Si ellas no alcanzan el zenit con alaridos de diabla y los hornos no abren sus cazuelas y las dejan estampadas.
Por qué vivir en este encierro si es una voz de luto, de dolor. Acorralado quedó el oído ante las notas groseras  y la sonriente algarabía popular.

De improviso, los disparo nerviosos, necesarios,
apuntando hacia allá, hacia acá, disparos al fin.
Boquiabierto el grosor del lamento del tiro,
del sueño en las paredes de la habitación.

Del ocaso vienes saliendo. Ahora camina sin estamentos, sin delicadeza. Solo camina, no mires atrás y descubre la inocencia de tu regreso, ahora, siempre.
Plegaria de piernas abiertas, insomne creación del humano que eres, plegaria de bocas abiertas.


Breves y fugaces
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"RESURRECCIÓN"

He vuelto con nuevos bríos, aprendí a volar, a resucitar entre los muertos,  a transportarme a miles de kilómetros  en un segundo, y otros truquitos más que los iré mostrando. Espero que esta vez, si los crean porque lo he ensayado muy bien. Olvidaba decir, el de mover rocas desde adentro de las viejas catacumbas, es uno de los mejores ardides que traigo.


viernes, 19 de agosto de 2016


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Locura
Pensó en encontrar una manera de cómo conseguir volverse loco. Volteó a ver varias veces a sus compañeros de trabajo y los veía concentrados en la labor. El aire acondicionado que helaba la sangre y la cabeza metida en montañas de papeles. No distraía ni siquiera el busto alto de la secre del jefe. Silencio grueso y viscoso de la mañana de oficina. El baño era el mejor sitio para refugiar el deseo, el infranqueable deseo de perder la razón y desaparecer. El retrete abierto frente al grifo, el espejo no miente y habla también sobre la locura. ¿Cuál será el método más idóneo para alcanzar la tan ansiada tierra psicótica? El retrete el grifo abierto el espejo las paredes blancas. Ya está, suficiente como para conseguir el objetivo. Todos ellos con la cabeza metida entre cerros de papeles, el busto alto de la secre del jefe. La locura entre los locos, en silencio, el aire acondicionado congeló la sangre.

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under the sea

Voy a seguir el camino que me indicas... El frenesí de los peces me lo dice todo. Las aguas cristalinas permiten ver al fondo la entrada hacia la gruta de piedritas verdes. Vitrales que brillan y traslucen los tonos verdaderos del agua. A ti te gusta soltarte el pelo para que vuele libre pero acá en el agua flota como si volara, desganado, sin rumbo, displicente movimiento el de tu pelo bajo el agua de cristales verdes. Y tu piel es transparente y brilla, el tornasol brilla. Brillante y traslucido.
Ahora te distingo. Alcanzo a ver  que te escondes detrás de las rocas. Tienes tus ojos puestos en mí. Y te alejas y te escondes. Surcas el agua y los peces te rodean, cuidan tus manos y les das órdenes. Los mandas hasta mí y sonríes con ellos. Lindos pececitos verdes que son fieles a tus mandatos.
Y yo,   solo trato de darte alcance pero es imposible. Imposible alcanzarte. Imposible ir tras de ti, imposible estar a tu lado.

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Despertó a media noche con una fuerte pesadilla. Estaba convirtiéndose en humano, como sus amos.

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Se había comprado los aparatos de última generación, para hablar con familiares y amigos. De pronto pensó  en cómo  haría para hablar con ella misma.

Breves y fugaces

Sorprendido, una mañana temprano, se miró las manos y los brazos y cayó en cuenta que era ser humano.



viernes, 20 de mayo de 2016

PAISAJES
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Presagio
Pasaba por mi casa a la misma hora en distintos días. Solo un saludo de buenas noches nos ataba a su extraña personalidad. Era un perfecto desconocido pero lo sabíamos. Sin saber mucho de él, todos en el barrio decíamos que era comunista, y que se escondía de las autoridades por su condición de subversivo. 
Un día le pusieron una bomba en su casa y comprendimos lo delicado de la situación que afrontábamos los vecinos. La puerta voló en pedazos y la esposa salió con heridas en su cuerpo. El no se encontraba en casa como era su costumbre. 
Con el paso de los años comprendimos que ese solo había sido el inicio de la tormenta de sangre que se nos venía encima y los montones de tierra que caerían sobre los ochenta mil muertos del país.

Una noche
De noche no se veía nada. Pero sabíamos que era este el camino. Cuando llegamos hasta la casa nos dimos cuenta que el lugar era fantasmagórico. Habían árboles por todos lados y las lianas que desprendían los arboles nos caían encima causando espanto al contacto con sus hojas. Como pudimos, logramos llegar hasta la puerta de la cabaña. Sin llave de la puerta era casi imposible entrar así que Lucio decidió dar la vuelta y probar la cerradura del patio. No había nadie en la casa. Era un sitio funesto. De sillas avejentadas y telarañas en las paredes. Pero ocurrió algo que me hace recordar ahora, los muertos si caminan y hablan. Lucio si estaba allí, aunque muerto, caminaba y hablaba conmigo. Lucio ya no caminaba junto a mí al salir de la casa.

Del Silencio
No hay comparación con nadie en estas lides del silencio. 
El camino a la luz es un acto individual y misterioso.
Cada quien y cada cual se libera o se esclaviza.
En silencio, me he preguntado en cual de mis momentos logré llegar al ovulo de mi madre.
No soy un triunfador. No soy un ganador… Pero viéndolo bien, sí lo soy.
En silencio, observo he traído mi vida llena de aciertos. Y eso me da la certeza que todos estos eventos son actos individuales.
Desde que fui puesto en el ovario de mi madre, tuve que haber comprendido que estoy solo.
Y que eso es una hermosa manera que tiene la energía para a hacer que la especie se prolifere y alcance sus estados máximos de perfección.

Breves y Fugaces
☼ — Deseo afirmar que estos son actos individuales.

viernes, 6 de mayo de 2016




De “La casa de los claveles blancos”

"Caminar para encontrar el viento,
 caminar para saber de ustedes,
 saber si están muertos,
 saber si llegarán...”


Epitafio
Cuando se marchó, lo hizo sin lágrimas en sus ojos. Las había terminado todas estando a mi lado.
  Réquiem In Cantimpace Isabel Bruñí 1960 – 1988


La carta
Querida Isabel:
Sabes que pertenecí al mundo de los idiotas, y que para poder caminar por los senderos hirientes de la vida tuvimos que hacerlo con los pies descalzos.
Con el pasar del tiempo logré comprender que la soledad lo es todo cuando no tienes nada, que la equidad es distributiva y la igualdad comparativa, y eso es algo por lo que luché años tras años a la par de muchos compañeros que como yo, por largo tiempo vivieron engañados, creyendo ser la tabla salvadora de incontables humanos que al parecer eran afectados por las anomalías del sistema.
Entendía que luchaba para que todos los ciudadanos se convirtieran en pobres, no admitía ricos. Desdichado pensamiento el mío. Vaya revolución quería hacer.
Hubo un tiempo en que me creí tan importante como la bala que mató a Kennedy, y aunque no muchos lo notaron, dejé de ser efectivo para las luchas que los compañeros libraban basados en el principio aquel que decía: "el verdadero miedo que combatimos es: evitar el miedo a tener miedo". Valientes éramos.
También vienen a mi recuerdo algunos compañeros, como Adrián, nuestro comandante. Él era sabio, pero, no por lo que sabía, sino por saber todo lo que le faltaba por formarse. Cayó en combate como tú. Recuerdo a Jonás, el día que fue capturado; juntos habíamos elevado una plegaria a la energía absoluta, para que nos asistiera relativamente... resultó imposible volverle a ver. Y Roque, decía: "El elefante es el único animal que no puede saltar, es esa la razón por la cual no requiere zapatos tenis". Vaya chasco, en que momento lo contaba, estábamos a un paso de morir al fragor del combate.
Ahora, si bien es cierto que "los elefantes no usan zapatos de tenis por no poder dar saltos", ese no es mi caso, no los uso porque me faltan piernas, claro, además de dejar mis piernas en la guerra quedaron mis ilusiones y esperanzas, quedó toda mi adhesión por lo que yo llamaba "mi pueblo".
¡Y te perdí a ti! ¿Qué más me puede demandar la revolución, si con ella he perdido el amor de mi vida?, toda una ilusión truncada. Tú eras todo con lo que soñaba.
Luego de tu caída en combate, busco con insistencia la paz, pero reconozco mi error:
"Es descabellado el engaño, absurdo ser pacifista siendo un soldado, inadmisible ser pacifista siendo guerrillero".
Estoy harto de hipocresías y falsedades, es el tiempo de partir y buscar en ti, nuevamente la luz que siempre me proveíste, ayer, hoy y siempre.
Hasta la victoria siempre, mi amor.



Breves y Fugaces
☼—Esta anomia —definición de un estado de desorganización social, o lo que es la mismo, incongruencia de las normas sociales—, no la corrige la novela, la filosofía, ni la poesía misma…ni la educación universitaria, ni cualquier miembro del estado o gobierno, llámese, policía,  Rudolph Giuliani, Robocop, partido político en el poder o no… Ni la Selecta Cuscatleca con las sectas religiosas a la portería.
☼—Si dios creó a los humanos a su imagen y semejanza, está claro que no es de confiar.
☼—En el país de los diminutos, los ciudadanos guiados por su rey se fueron a la guerra. Consideraban que por ser dueños de la verdad eran libres, libres para esclavizar a otros. También consideraban que la comodidad era sinónimo de felicidad. Pregonaban a los cuatro vientos que la ritualidad era sinónimo de espiritualidad.

☼—El país de los diminutos aún existe y vive.

viernes, 29 de abril de 2016











De “La casa de los Claveles Blancos”
Recuerdos
Vuelve Isabel a mi habitación. Esta vez trae consigo huevos fritos, frijoles, queso seco y pan caliente. Me encanta su alegría mientras prepara una mesita para desayunar en cama. No he tenido la mejor de las noches. El dolor de espalda no me ha dejado dormir tranquilo. Con su amplia sonrisa y buen menú vuelven los recuerdos casi perdidos. Es este desayuno el que me lleva hasta aquel olor a tierra mojada que cada mañana despedía la casa. Amaneceres anublados cargados de gotas de roció y aves trinando. Respirar fuerte y constante, avivan mi sentir. Recibir con los brazos abiertos las nubes que se estrellan en el pecho y percibir olores, olores de  recuerdos de la gente que por aquí pasó: mi madre, los trabajadores, las mujeres con sus canastos cargados de café. Los pescadores sobre las lanchas, la laguna,  otros hombres podando árboles que prodigaban sombra sobre la finca, el ganado, el ordeño.  Ensueño de estampas, de olores de vida.

El regreso a casa
Al llegar a casa, desmonté del caballo y entré con sumo cuidado. Asomé por la puerta entreabierta para buscar a Madre. Crucé el salón grande y en el instante la alcancé a ver. Se encontraba de espaldas mientras veía hacia el horizonte de la hacienda. Apoyada con ambas manos sobre su bastón y con la pose de un personaje importante. La distinguí con una paz envidiable. La mirada alta, semejante a una adivina del tiempo. En realidad, observaba la laguna frente a la casa. Allí se hospedaba la garza blanca, garza nocturna y el garzón. También el colibrí y el zorzalito que eran aves que se acercaban a beber agua para refrescarse y recobrarse de largas faenas migratorias que hacían desde México hasta la Argentina. Prestaba atención a los mozos que podaban el jardín a la orilla frente al pequeño muelle. Vestían ropa de manta con caites y sombrero de palma,  machete y la cuma para trabajar. Es la vestimenta del pueblo.

Al voltear hacia mí, la noté con el rostro de alegría. Especial momento que dispensa todo lo difícil que pude haber vivido. «No existe amor más grande, que el amor de una madre», pensé. Solté mi mochila de fatiga que traía y corrí hasta donde se encontraba y nos confundimos en un abrazo lleno de ternura.
Mi hijito, estás vivo, ¡Dios Bendito!, que alegría que hayas vuelto. Lloraba y apoyaba su cabeza en mi pecho. Le dio un beso a la medallita de San Miguel  Arcángel, que colgó en mi cuello antes de partir, para que me librara de todo mal.
Únicamente Dios sabe cuánto he rezado para volver a verte, mi hijo.

Isabel
La sonrisa en sus labios, el cariño de sus cuidos, hacían cada mañana un hermoso despertar, doloroso pero hermoso despertar…


Breves y fugaces
☼—Mi juicio final no durará un día, ni será cuando yo muera. Mi juicio final es un tribunal en sesión permanente en el cual yo soy el reo, el señor Juez, el Honorable Jurado y el cruel verdugo. El juicio se celebra en este instante. El Juicio soy yo.

—Los humanos no vivimos, nos suicidamos instante a instante.









viernes, 22 de abril de 2016






La pequeña muerte
Damos pasos de regreso a casa. Las cabezas han volado por los aíres y el fuego consumió las hordas enemigas.
El pueblo eufórico se une en gritos y algarabía al galope  de nuestros caballos. Volvemos jubilosos del combate, a comer y aparearnos con nuestras mujeres..., a soñar con el pecaminoso silencio que guardan nuestras amantes.

Por las madrugadas, me olvido de mi arte guerrero y escribo letras, pero también dibujo rayas en el aire con los dedos. Con mi lira elevo al cielo  notas en SOL, FA, DO, RE,  para sojuzgar el sentir que brota. Vuelve el recuerdo de las tierras conquistadas, tierras de ella. Sobre su genética me engendro, pongo lágrimas en la tierra de sus padres y rosas blancas sobre la suya. Vivo eterno de los pasos de su gente herida, de su gente arremetida, muertos, aniquilados. Ahora en poder nuestro, tierras alcanzadas por nuestra espada ensangrentada. Densa nube de polvo que dejaron nuestros andares. Vivo de sueños por el instante  y derramo lagrimas por sus ayeres.
De sus ojos me alimento. Mirada que sostiene mis pasos, que necesita calar hondo en mi efigie mortificada. Aún llevo el último beso que en mi piel tatuó, el último TE AMO. Aún arde en mi pecho este bravo sentir. De su mirada soy su esclavo confeso.
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Éxodo 1
Recorro la estepa densa y ciega que existe en tu vientre. Abertura púdica que hipnotizada se postra y enmudece hasta abrigarse entre tus piernas. Sin formular preguntas le suspiraré al oído ¡vértice del recato y el deseo! y gritará “Libertad”.

Éxodo 2
Ahora me afano, me adueño, me sostengo yerto para no ser desterrado. Soy capaz de regar con sangre la última de las hiedras de estos murallones. Y respiras con fuerza…

Éxodo 3
Crispa el sentido el vibrante  instante  de profundo morir y ansia vital. Ahora respírame fuerte, de nuevo, con fuerza, sin temor, sin miedo, solo respírame y siente, y brota, y brota… Ven, sin miedo, así, así… Inquieta luciérnaga, brilla ahora.

Culmen
Quiero gritar tu nombre, pero no puedo, quiero gritar “te amo” y no puedo, tus labios han cerrado los míos, y te muerdo y me muerdes, y tiemblas, y lloras…


Madre filosofía
Tu espalda sobre pétalos, deseo besar tus pies, sobre mi pecho.  La palabra es poesía, tus manos, las mías, el camino conocido, otra vez, somos unidad filosófica. Murió la soledad.

Ceremonia
Hambriento de ti soy. En tu regazo muero y renazco, tumba y cuna de nuestra esencia divina, encuentro espiritual de nuestras almas. Todo en un instante, todo en un suspiro.

Eternidad
Le temblaba el cuerpo. Un ligero jadeo salía de su pecho. Un manto de estrellas la envolvió. Llegó tan alto que tuvo temor de regresar y quiso quedarse allá arriba.


Breves y fugaces
☼—Sigo pensando que por filosofía llego a tu centro, por poesía, soy tu centro.
☼—Y pensar que todo ocurre al sur del ombligo.

 

sábado, 16 de abril de 2016




Un ligero retraso...
Tomó el Tiempo sus alas y apresuró la marcha para no llegar tarde a la oficina.
Se quitó el sombrero para saludar al pasar frente al Sol, frente a la Luna, pasó por indetenibles ríos, por estáticas montañas, por extensas filas de ágiles hormigas, saludó a una pareja de ancianos que platicaban en el parque y después sonrió ante dos críos que terminaban de nacer.
También platicó un instante con un policía de tráfico, luego con un árbol caído y con otro sin hojas. Saludó al viento del Norte, guardó silencio ante un repartidor de pan en bicicleta, tendió la mano a las corrientes marinas, a los peces y sus nuevas generaciones. Después corrió y se sentó a platicar con las células de una patata fermentada, le habló a un parvo de tierra negra y a un campesino que la trabajaba, vio los bueyes y el arado. Después charló un instante con el espermatozoide del poeta asesinado y también le habló a los ovarios de una monja.
Sus alas revoloteaban con avidez, a su paso removía el polvo, removía la hojarasca, las mentiras, las verdades, las pasiones, los arrepentimientos banales. Removía las pláticas triviales de la población.
La culpa y el pecado venían a su encuentro para saludarlo, pero él se ocultaba, un sacerdote lo vio pasar sin decir nada, sin un adiós.
Hasta que llegó a su oficina. Era larga la fila de humanos, desesperados por entrar… Vociferaban inmundicias, vociferaban groserías, lo buscaban a él, esperaban por él y enternecido agachaba la cabeza en silencio, pues repartir alas nunca fue de su agrado, menos hoy que conmemoraba dos mil quince años de retraso.


Pensando
Tu silencio es música inacabable para mí, es como el sonido de una guitarra afinada o un Solo de piano. Me avasalla y me cautiva. Aunque a veces reconozco que es como un grito ensordecedor, y llega hasta causar fastidio. Pero aún así lo escucho. A veces a todo volumen, a veces como música de terror, de miedo, música que causa risas, música de  un  circo del pueblo. Con tu silencio eres todo un espectáculo dominguero. A veces tu silencio toca a la puerta de mi habitación y me niego a escucharlo, y acepto estar solo, sin compañía, aunque rodeado de mil, sí, de mil…



El viaje
Esta tarde abordamos las embarcaciones y nos llenamos la boca  de nubes de mar. Nuestro destino hasta ese momento era desconocido, pero cuando observaba a mi alrededor y contemplaba las caras inocentes de mis compañeros, sabía que muchos de nosotros no regresaríamos con vida,  era de saber entonces,  cual era nuestro destino verdadero.

BREVES Y FUGACES    


Dejo de ser prisionero de las rutinas y descubro mi pensamiento creador, y con él,  encuentro el esplendor, el pasto verde cundido de flores jubilosas y frescas.



viernes, 8 de abril de 2016






  

Los gloriosos hombres

Ya no caminan ni  hablan los hombres aquellos. Se silenciaron sus palabras, las  guardaron, las escondieron,  se durmieron con los ojos opacos y lloraron maldecidos por otros hombres. ¿Qué ocurrió con ellos que ya no charlan? Eran hombres de abrigo, saco y corbata, de sombrero de fieltro, otros de paja, sin camisa y piel quemada por el sol.  Han perdido sus fuerzas y debilitados, se han sentado en silencio. Acaso olvidaron el mundo de los negocios, el comercio, se habrán perdido en las grandes extensiones de Caña de Azúcar. Olvidaron sus amantes, dejaron de hablar de las mujeres ajenas. ¿O es que tan solo encontraron — al fin—,  la paz que buscaron por años? ¿Qué pensaran ahora que no se escuchan sus pasos? Qué ocurre que no se percibe el olor del sudor de sus hombros al soltar el hacha, el machete, la cuma, el golpe fijo y agresivo del yunque lastimado y herido. Se han ausentado de los parques, de los billares, de las cantinas y burdeles. Dejaron de fumar y emborracharse los días domingos mientras compartían su plata con las putas del Caminito, del Cisne Negro, del Tulipán Rojo.  Dónde están aquellos hombres valientes que cuando jóvenes libraron tremendas batallas contra enemigos que la patria les inventó y que  ahora ya ni siquiera meditan acerca de  los ladrones del  gobierno de turno, corrompidos por el dólar ajeno. ¿Y el fut?, quien llenará los estadios y comentará  el partido del domingo, de las estrellas en España, de la FIFA y sus atracos. Quién hablará de Wall Street y todo lo que hace falta por inventar en la NASA. Quién si ya no están los hombres que fueron hombres y que ahora ya son viejos, ancianos, los eternos y gloriosos ancianos que un día fueron simples hombres.

Las nubes negras aún no abandonan el horizonte y no desean marchar. Qué bueno que la felicidad no dependa de nubarrones oscuros o amaneceres soleados con campos verdes de agradable frescor.
Triste destino el que le espera a la capacidad filosófica y pensante de la humanidad, dádiva divina, tan admirable y tan poco ponderada. Capaz de sonreír ante la fuerte tormenta que cae o ante el deslumbrante y recalcitrante sol del medio día.
Las nubes negras aún no abandonan nuestro horizonte y por ninguna razón desean marchar.





Por ser domingo llegó una hora antes  que los días pasados. No era usual ver su figura aparecer demasiado temprano, quizás porque era sabido que no había suficiente espacio para tanto parroquiano, o porque aburre en el alma deambular por las calles vacías y sin rumbo alguno. Por un instante recordó que después de férrea insistencia, logró colarse en medio de todos y adoptar un espacio, pequeño pero al fin espacio; el suficiente para deleitarse con unas horas de descanso que tanto necesitaba.
Colocaba su maletín de almohada, contra la pared, junto a los demás, simulaban una parva de leña seca, tirados en el piso sobre sacos de henequén o simples bolsas de papel de periódico que ellos diseñaban ex profeso. En ese maletín cargaba una mudada hecha jirones y unos recuerdos de la familia, claro, no eran muchos: una vieja fotografía que hablaba de la juventud de María, un cepillo que bastaba para el poco cabello, algunas viejas revistas para releer eventos pasados y una linterna, ideal para alumbrarse el camino y saltar sobre esos cuerpos, semidesnudos  y malolientes como muertos, en esas oscuras noches de visita al mingitorio —que corrían las cucarachas—, en la gruesa pestilencia que corrompía el aliento  y acababa con la mordaz filosofía del retrete, siempre atosigado, siempre abusando de la necesidad de sus perennes depositarios.
Seguro que asilarse en esta pocilga era el último paso antes de  llegar a vivir en la calle, pero le permitía no dormir en la insegura banca del parque que frecuentaba durante el día; la diferencia eran unas monedas que se adelantaban por cada noche, por el uso del excusado y el balde con agua para matar las ganas de un baño que algunas veces le pedía el cuerpo,  y así, refrescar el pensamiento y dedicar la noche para soñar en lo que ocurriría cuando se acabaran las pequeñas ilusiones con las que aún contaba.
Con los ojos cerrados y las ideas en el cielo, se dedicaba a la espera del frío amanecer disfrazado de futuro, un futuro que crispaba los nervios.


Breves y fugaces
Sentados en la sala de espera del Hospital, me dijo: las células cancerígenas tienen a la terquedad como un cielo en común con nosotros los humanos, ambos sabemos que moriremos en la medida que nos reproducimos,  y aún así, continuamos multiplicándonos sin mesura.
En este mundo y en cualquier otro, no existe un ser humano que no tenga nada. Al menos tiene la nada.

Correr en la vida, no siempre es ir de prisa. Algunas veces significa detenerse.
El encanto de la vida no es solo reír y reír. El encanto de la vida es reír de lo vivido pero con gallardía.



viernes, 1 de abril de 2016




 El regreso



☼En la aldea africana los niños salen de sus chozas temprano en la mañana, van rumbo a la fundación. Temen llegar tarde a la clase.
Corren, saltan, gritan y juguetean por el camino. Nadie les exige concurrir, lo hacen voluntariamente.
Cruzan el riachuelo con los pantalones recogidos hasta las rodillas y los zapatos en la mano, atraviesan la llanura en medio de las fieras salvajes; salvan los obstáculos propios del lugar.
Después de tres horas de larga travesía, llegan a tiempo. La maestra, inglesa, los espera. La clase de violín es ineludible. Las Cuatro Estaciones de Vivaldi invaden el corazón del África colonizada.
Por la tarde es hora de retornar. Corren, saltan, gritan y juguetean por el camino. Nadie les exige regresar a casa, lo hacen voluntariamente. Cruzan el riachuelo con los pantalones recogidos hasta las rodillas y los zapatos en la mano, atraviesan la llanura en medio de las fieras salvajes; salvan los obstáculos propios del lugar.
Después de tres horas de larga travesía, llegan a tiempo a casa. Sus padres los esperan con ansias para pasar la noche juntos y platicar de sus hazañas.
Entradas las oscuridades, al dormir, se escuchan los lamentos de los espíritus de sus ancestros que danzan acompañados por el yembe y el ritti, en el corazón del África salvaje.

☼Sabía de las misas para muertos que celebraban los vivos. Muertos de alta alcurnia por la llamada gente de bien. También sabía de las rosas bien puestas en su lugar y con cierto temor de que los invitados o el señor cura los tomara para sí. Tenía la lista de las personas asistentes y sus tarjetas repartidas con tiempo. Con tiempo para que las damas se hicieran un peinado rimbombante y  confeccionaran vestidos a la última moda en Paris. Era una misa de muertos para los vivos, los vivos que sabían que un día después de muertos, estarían repartiendo tarjetitas de invitación también. Todo eso lo sabía a los dieciséis.


☼Cuando el octavo “B” salió a recreo, el maestro encargado de la disciplina los esperaba para supervisar su comportamiento en  la cancha de fut. Después de pasados unos minutos de esperar por ellos y ver  que no llegaban, caminó en su búsqueda. Para su sorpresa, los encontró en el lugar menos sospechado,  en la biblioteca.
Reunidos todos, entre ellos hablaban de que cada uno debía leer su libro interior y que había que buscarlo  en otro sitio. Cuando regresaron a la cancha traían consigo una sonrisa notable que contagió al maestro.

☼ Amanecía mirando al sol desde la playa. Observaba como las olas se estrellaban contra las rocas.
Luego nadaba mar adentro hasta encontrarse con sus amigos los delfines. Rebosaban en manadas, lo acogían y festejaban su amistad. Había cantos, danza, risas. juegos. Tomados de las manos giraban y retozaban. Al caer la tarde, cuando regresaba al mundo de los desprecios, sus padres le hablaban de los abnegados maestros intelectuales, esos que le insistían en estudiar las matemáticas, de aprender las ciencias, de leer  los tontos y aburridos poemas de autores antiguos y absurdos. Esos intelectuales que deseaban enseñarle a vivir y dar pasos  por mundo. Una madrugada el mar le dio sus manos como siempre, para encontrarse con sus amigos, para siempre.



 Breves y fugaces
☼las lagrimas de un niño pueden representar sublimación de su ser  o la condena eterna  de su pensamiento.
☼Nuestra vida es el fruto de la causalidad.
☼Despertar es ver un instante nuevo.
☼Es la muerte lo que le da gracia a la vida.
☼Sería tedioso vivir mil años.
☼Nunca pensó en subir al árbol y bajar el fruto. Los frutos caían a sus pies cuando llegaba la época.






viernes, 25 de marzo de 2016





En la cima

La mirada de ojos saltones me dio indicios de que estaba por soltar las lágrimas. Aunque sabía de la situación por la que atravesábamos, aún conservaba la idea de que todo se resolvería, claro, había presenciado las noches de gritos ensordecedores, puñetazos,  patadas en las puertas y el crujir de las sillas al romper las ventanas. Manera poco civilizada de convivir la nuestra.
Llenarnos de Insultos por tonterías, a veces, la marcada torpeza, por la leche derramada sobre el mantel, a veces, la insulsa ensalada de pepino,  a veces, la llegada tardía de los periódicos matutinos del desayuno.
 Pero ahora todo se había resuelto, firmamos papeles acompañados de algunas discusiones en la oficina del abogado, pero no pasó de los ya acostumbrados insultos y malas miradas y traer al tapete de negociación viejas y tontas historias.

Arreglamos lo de la casa del lago, la casa en “La Sultana”, los coches, las cuentas bancarias, mancomunadas o no, las acciones de la Play, de la Raist. Todo estaba regulado. El abogado hizo muy bien su labor y nos sentíamos satisfechos. No habían hijos de por medio, nada que decir.

Pero al tomar mi maleta voltee la vista atrás y la vi sentada en su mueble, sus ojos no dejaban de mirarme, no podía ir en paz. La mirada de ojos saltones me dio indicios de que estaba por soltar las lágrimas.
Me regresé. Le volvió la vida. Le coloqué el chal color negro, y la pequeña maleta que sin duda había preparado la noche anterior. Ella sabía que no podía abandonarla y que su amor nunca estuvo en litigio, nunca lo estuvo.
En el coche solo cabía ella a mi lado. Cómo en los viejos tiempos, sacaba la mano y la cabeza por la ventana. El viento le descomponía el cabello cano y le acariciaba el rostro.
La veía grande, muy crecida. El tiempo le habló mariposas al oído  cuando apenas los árboles comenzaban a florear. Juntos harían arar pronto los regadíos. Mientras llegaba el alba, rallaba el pan con el que prepararía el budín de vainilla que comerían en el día.  Aunque  para él, seguía siendo la chiquilla traviesa,  aquella que moraba por los alrededores del pueblo escondiéndose de las personas, con la sonrisa de briznas del campo y  la dulzura que le daba besar sus pies descalzos con olor a tierra mojada.
Cuando el sol cruzó el cristal de la ventanilla del bus y golpeo su rostro, fue  para decirle que había amanecido y que ella ya no estaba a su lado. No supo de la hora que bajó. Había sido una vida entera y ella se marchó sin una lágrima. Todas las había vertido junto a él. Todo ocurrió  en una parada de autobús.
Estrujé los billetes y se los tiré a la cara. Imposible recibir aquellos tres pesos a cambio del despido de una empleada, que por desgracia para ella, llevaba su génesis de dos meses en la barriga.
De mis manos, lo tienes todo, no tienes de qué quejarte, fuerza, piel y olvido, pero aun así, continuas en el sabio dictado de redimir los recuerdos, tienes en tu caminar esa huella que me sigue dando fuerza y aliento. ¿Quién podría imaginar que me sobrepondría a esta hecatombe? ¿Quién iba a imaginar que después de volver, curarías mis golpes, mis heridas? No dudo de tus mantos sobre mi cuerpo, de las telas untadas de alcanfor y aceite de oliva, sé que llevas el milagro en tus  ojos, lo sé.
Al besar tus labios consigo palpar la frescura del bosque que caminábamos juntos. Aquel que nos dio tanta complacencia, tanto fulgor. Ese bosque que hicimos nuestro y del cual reconozco como el sitio que se nos fue asignado para convencerme de tu divinidad
… esta vez quizás sean las olas las que se vienen con más fuerza que otros días. Quizás sea mi deseo el que sobrepase la ternura acostumbrada. Estas olas que incomodan y martirizan mis sienes. Auténtico sentimiento de las tiernas miradas, que rebalsa los ímpetus y las pieles tatuadas con arresto… Tal vez sean los vientos que nos asolan y entristecen, o sea solo la voz insolente que nos grita más de lo debido, o es una simple ola de este líquido elemento que conocemos de sobra, pero que ahora se muestra bronco, embravecido como nada…
Si deseas acabar conmigo, cierra la mano y lo conseguirás… Pero no vayas a extrañar las en ciernes  palabras dichas tiempo atrás. Esas que quedaron esparcidas sobre las sábanas que moramos…, las que quedaron encima de las miradas hechas con atino. No vayas a echar de menos esta voz que rompe tus silencios.

Breves y fugaces
Esta mañana he intentado mirarme  al espejo. Tiemblo de miedo.
Vuelve a mí  el necio deseo de saltar, y me contengo. Tiemblo de nuevo.
Un portazo recibí cuando le pedí escribiera en la palma de mi mano la frase “Te amo”.
Ya lo decía mi amigo con mucha claridad: Miedo a amar, necesidad neurótica de ser amado y  no se tome tan en serio.
☼El amor es fuente de soluciones y no de problemas.

viernes, 18 de marzo de 2016



In aeternum 
… acostumbrado a las faenas de la pesca, a pasar horas sentado en una roca frente al mar, a Manuel le fue extraña la figura femenina que emergía caminando despacio de entre las olas. Su cabello largo era removido por la fuerza del agua y el color verde de su piel lo puso en alerta. Se asustó cuando la vio caminar hacia él y alcanzó a ver sus ojos color rojo.
Y él, que hasta entonces se encontraba sentado sobre la roca, se incorporó de inmediato y corrió a informar al pueblo. Era por demás. Había visto de  todos colores de ojo y de piel, pero… ¡rojo y verde!, si que era para afligirse.
Al ver que corría, ella se volvió a las olas caminando despacio. Lo veía alejarse. Quizás hubo decepción, y continuó adentrándose hasta que se perdió entre las olas.
¿Entiendes ahora por qué razón le dicen “El Loco” a Manuel?


Sentada  desde  la cabaña, lo vigilaba para medir sus pasos. Lo hizo  por varios días. Le gustaba ver como hundía el hacha sobre la leña con la que animarían el fuego de la estufa. Admiraba sus  brazos y hombros fuertes, y la espalda ancha y piel brillante donde el sol descansaba a placer.
 Pero ahora ya no está para mirarlo, aquello no tuvo  remedio.
Hoy, el hacha que estuvo en sus manos y que se alimentó con su propia sangre, hace olvidar el sentimiento aquel que compartían y que no le interesó conservar.

Decía que al abrir la ventana veía a una  persona  que emergía del asfalto caminando de manera impasible. Primero aparecía la cabeza luego los hombros hasta emerger el cuerpo por completo. Daba la impresión de no percatarse de lo que sucedía a su alrededor. El rostro que mostraba era de fraternal calma y armonía, tenía el aspecto de no ser de este mundo. A esa visión había que agregarle que cada vez que eso ocurría, se tomaba de los pelos y rabiosa pataleaba, al no poder ir tras su encuentro.


Tras cruzar el desolado pueblo  el Capitán y su adorada llegaron a un lugar rodeado de árboles donde podían ver su barco anclado, y agasajándolo con viandas frescas, caricias, susurros, gozaron hasta que se perdieron en sueños.
Pasadas las horas, él notó que ella conversaba con cierto letargo, hacía muecas y la sonrisa había desaparecido. En un giro de su cabeza vio que se hallaban a las puertas del cementerio, se lo indicó un portón metálico con las imágenes curtidas de un par de ángeles empotrados entre barrotes oxidados. Soltó su mano que la sintió fría. El miedo paralizó sus piernas. Lo impactó el aliento putrefacto cuando ella se acercó despacio a besar su mejilla y desgreñarlo con un gruñido… Con fuerza bestial lo tomó de nuevo entre sus brazos.
El barco anclado aún continúa su espera.

Al fin, ahora que estamos frente a frente, me miras de reojo, con recelo. Creíste que esto nunca ocurriría, ¿no es cierto? Después que el tiempo ha pasado, pensaste que te había olvidado y tú pensaste que me olvidarías.
Es solo una de tus inocentes ideas... Para que lo sepas, lo nuestro es eterno, para toda la existencia... Hemos sellado con sangre nuestro pacto de amor.
 Puedes tener la seguridad que nuestra relación será hasta el final de los tiempos.

Breves y fugaces
Como el rio, he venido a ti, mar.
Los humanos no vivimos, nos suicidamos instante a instante.

Y sí usted aún no es el guarda espalda de alguien, le recomiendo busque a alguien a quien cuidar de inmediato. Yo ya tengo un ser al que vigilo entrañablemente, mi pensamiento

Para erradicar la pobreza e instaurar la riqueza, bastará con que la población valoré lo que tiene y se dará cuenta que siempre será más de lo que lo acompañaba al nacer.

viernes, 11 de marzo de 2016




Féminas


El vuelo de un ángel
Virginia corría angustiada mientras cruzaba el Parque Central que dividía al pueblo en dos. Saltaba los charcos con sus zapatos rotos.
La lluvia torrencial no fue impedimento para que llegara hasta el puesto de policía y así, tramitar la libertad de su compañero de vida.
La vecina de al lado fue muy clara al avisarle: «¡se llevaron preso a Román, lo encontraron tirado en la acera, borracho, le robaron hasta la ropa!».
Virginia se enfrentaba a la vida con dos niños, un canasto con tomates para la venta y un marido alcohólico.
Luego de pagar la multa de Román, volvió a casa, tomó de la mano a sus hijos y se encaminó hasta el Parque Central, el que dividía al pueblo en dos. Y allí mirando al cielo con luminosidad en su rostro extendió sus alas y voló con sus dos hijos. Volaron tan alto que llegaron al lugar donde moran los ángeles, donde no llegan los indignos.

Los vecinos del poblado de Ruth  abrieron las ventanas de sus casas esa mañana con la firme convicción que se haría justicia.
Ayer reunidos en la plaza, la multitud enardecida había aprobado llevar a cabo la ejecución a la vista de todos. Ansiosos esperaban ver arder su cuerpo.
Aunque sabían que la ley demandaba: “el que se encuentre libre de culpa que lance la primera piedra” ,a los pobladores no les importó y al unísono, levantaban los puños y gritaban “Justicia”.
A la hora acordada, apareció por la puerta del recinto carcelario, escoltada por seis guardias. La traían amarrada.
Desde las ventanas la gente gritaba.
El verdugo sin perder tiempo la amarró y amordazo al palo mayor sobre el patíbulo, arrimó los leños y les prendió fuego. 
 El cuerpo comenzó a arder, el humo que desprende la carne cuando se carboniza luchaba por entrar a las casas.  Cuando eso ocurrió las puertas y ventanas ya estaban cerradas.

Entre muerto y muerto, marcho, vuelo y nado, quizás porque estoy muerto también. De la laringe, del esófago, del intestino, del corazón, a balazos o pedradas, aludes de tierra blanca o negra, tierra bonita para sembrar comida, cayó sobre la gente y la mató, los balazos los tiraron otros, cayeron encima de nosotros, en los estómagos, en las bocas, en los pies. Entre muerto y muerto voy ardiendo mis abonos, voy poniendo semillas en la tierra negra del sembrador de comida, entre la gente que cayó sobre la tierra, con los balazos encima.
Muertos y más muertos, entre ellos voy.

Breves y fugaces

☼Si piensas que estoy dormido, avejentado o absorto, te equivocas, solo adolezco de la suerte de cuidar y guardar mi silencio y desbocarme en mis propias cavernas a pensar en las verdades que brotan de mis neuronas.  
☼Habíamos creado deidades asesinas. Como pueblo habíamos sido  degradados a criminales. Sabía que esto lo pagarían nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, pero aun así, nos hacíamos creer que éramos supremos.
☼Eres mi tiempo y mi idea. Has saltado de nuevo para conciliar conmigo esta Unidad Filosófica… y te obedezco, como siempre ocurre, te obedezco.
☼Dices que el caos, el acierto y error del universo entero están  en mí… sé que con tus cuidados lograré  descubrirlos.
☼Mi juicio final no durará un día cuando yo muera.  Mi juicio final es un tribunal en sesión permanente en el cual yo soy el reo, el señor Juez, el Honorable Jurado y el cruel verdugo. El juicio se celebra en este instante. Aun con vida. El Juicio soy yo.
No existe vida más aburrida que vivir en el cielo. El par de alas y la indumentaria que te dan al entrar nunca se pondrán de moda, y la lira de tu uso personal no pasara de sonar la misma tonada.